lunes, 6 de octubre de 2014

El cirujano de las emociones

Sus ojos son tan rojos como la muleta del torero, y sin duda alguna desde niño ha tenido que recibir comentarios acerca de su mirada. Muchos lo tildaban de pesado. Incluso en la escuela era uno de los niños no tan favoritos por los alumnos pero amado por los maestros. Es así que Jesus Osorio crece entre ciertas disyuntivas y paradojas existencialistas. Un joven que en la secundaria fue cambiado de sección por no congeniar con sus compañeros y que en el jardín fue elegido "El mejor Amigo". Postuló tres veces a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos para la carrera medica, y no lo logró. Postuló una vez a la que sería  hoy su Alma Mater para Ciencias de la Comunicación y lo logró. Nacido en La Victoria, en el año 1994, es hoy en día un alumno de la Universidad Nacional Federico Villarreal, y aspirante a ser un gran líder de opinión. Es fundador y columnista de una productora que promete y que esta teniendo acogida en las redes sociales. Con mas de 50 notas publicadas en Facebook, comentó que la etapa de preparación fue la cuna de sus aspiraciones.
Cuando apenas Jesus era un niño, no contaba con los dotes como para sentirse hoy un futuro periodista. A sus 4 años encantaba con sus poesías, y a los 8 con el baile. Su adolescencia la tuvo que vivir en el distrito de Comas, Si bien sus padres siempre lo protegieron, aprendió por si mismo a sobrevivir en las calles de lima. Es fascinante la manera en la que se da cuenta de pequeños detalles y olvidar grandes. Es en medio de la broma ese punto raro que siempre pregunta ¿Por que? Hoy en día él solo pide tener una oportunidad mejor de vida. El desea tanto regresar en tiempo, como esos viajeros que dicen andan por ahí, y ordenarse desde un inicio. Desea tanto evitar lo malo que ha vivido, para solo gozar de lo bueno. Sus ojos color muleta de torero me miran y logro notar sus ramificaciones venosas. "No, me he equivocado" me dice. "Fue tan necesario equivocarme para poder aprender, sin esos errores hoy mi vida seria tan monótona y aburrida, sin malos recuerdos. La vida dulce no es tan buena". Y siento que él y yo pensamos igual, e incluso nos parecemos.